room 10759

mis manos ofrecen
retazos recuerdos promesas
todo frente a ti.

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¿Por qué habitación 10759?

El cuarto 10759 fue una promesa incumplida. Cada semana mi familia compraba el cartón completo del boleto de polla chilena con el número 10759. Tradición heredada de un familiar fallecido hace décadas. Nunca salió, nunca ganamos. Apenas un par de premios menores, tal vez el mejor de todos fue un computador que nos conectó al ciberespacio.

Cada semana, ir a ver si habíamos ganado algo. Entonces la decepción y nos conformábamos con al menos recuperar la plata apostada cuando salía un mísero número. Todo el tiempo la ilusión de que algún día iba a tocar y que tendría, al fin, ese departamento con vista al puerto de Valparaíso.

Un lugar para mí, silencioso y vacío. Una habitación en la que no entraría nadie más que yo, lejos de ojos intrusos, de bocas juiciosas. Alejado de los gritos y del caos, solo la calma que propicia la creación y yo.

«El escritor, pienso, tiene la suerte de vivir más que los otros en presencia de esta realidad. Su oficio es descubrirla y juntarla y comunicarla a los otros. Así lo infiero al menos, de la lectura de Lear o Emma o En busca del tiempo perdido. Pues la lectura de esas obras parece practicar una curiosa operación en los sentidos: uno ve después con más intensidad; el mundo está como desnudo de su envoltura y dotado de más intensa vida. Hay las personas envidiables que viven enemistadas con la irrealidad; hay los dignos de lástima que están anonadados por lo hecho, sin conocimiento y sin comprensión. Así, cuando les pido que ganen dinero y tengan un cuarto propio, les estoy pidiendo que vivan en presencia de la realidad; una vida estimulante, parece, puédase o no comunicarla.»
Virginia Wolf, Una habitación propia.